Rememorado hasta la saciedad, el constante y trágico desenlace del amor de esta pareja (Romeo y Julieta) se vio truncado en esta ocasión.
La tragedia fracasó —a pesar de la esperada y consumada muerte de sus protagonistas— y el amor triunfó sobre todas las cosas.
El amor al arte; el amor al teatro; el amor a la música; el amor a la danza; el amor a las personas… Entre las buenas personas… El amor a la amistad.
Adelanto ya que me resulta totalmente imposible reflejar en un solo post todo lo acontecido, vivido y sentido, y por ello, serán varios los que publique y en los que iré recogiendo diversos aspectos de todo ello, del musical «Romeo y Julieta».
Y es que, creedme, que es para todo eso, y más.
El éxito fue rotundo.

Lleno absoluto y una impresionante puesta en escena. Algo que la gran mayoría de los espectadores no se esperaba. Pero no es en la grandeza del espectáculo ni en las cuestiones técnicas, interpretativas u organizativas en lo que quiero reparar en este primer post, sino en la grandeza humana del conjunto que lo dio todo sobre las tablas.
Todo el elenco, sumergido en sus respectivos papeles, ignoró lo que verdaderamente se conjuró; la exaltación del amor entre todos ellos y lo que han conseguido forjar durante estos más de dos años y medio de trabajo y entrega.
El éxito de la obra lo pudimos contemplar al final, cuando el telón se dejó caer de forma implacable por última vez cada uno de los dos días, y ese amor cobro fuerza y personalidad en forma de abrazos, de sollozos y lágrimas. La dulce recompensa a un trabajo bien hecho. El triunfo de llegar a la meta en una carrera de fondo que no ha estado exenta de baches, y todo hay que decirlo, algunas zancadillas.

Estoy a punto de cumplir cuarenta y un años y por las distintas situaciones y proyectos en los que he estado vinculado a los largo de mi vida, muchísimos de ellos culturales, y otros de otra índole, pero también expuestos al bombardeo de muchos y efusivos sentimientos y emociones, jamás he vivido algo tan emocionante, tan intenso, tan vivo y tan bello… Y todo gracias a la generosidad de todas y cada una de las personas que han conformado «Romeo y Julieta».
Cada uno a su manera ha realizado un derroche de humanidad, de compañerismo, de amistad, de amor en definitiva, que me cuesta imaginar algo con lo que pueda compararse mínimamente.
Como he dicho, esto es solo una breve reflexión generalizada para destapar la válvula de la olla a presión en la que se ha convertido mi corazón por culpa de todos ellos.
Una vez destapada esa válvula, poco a poco irán saliendo nombres, situaciones y momentos vividos, porque todos, absolutamente todos, son para mí dignos de mención. Y aunque no lo crean, uno es bastante observador y he sabido ubicarme en cada momento para apreciar todo lo que han dado, que no ha sido otra cosa que lo mejor de sí mismos.
Pero lo que sí voy a hacer es resumir todo lo vivido en una sola palabra: GRACIAS.

Gracias por todo lo que nos habéis dado, por todo lo que habéis conformado, por cómo me acogisteis, por cómo os habéis dejado asesorar y llevar, por confiar en mí y en mi experiencia, por dejarme acercarme a vosotros, por compartir tantas cosas conmigo, por abrirme vuestro corazón y por supuesto, por entrar en el mío.
Vendrán más, o no. Vendrán otros momentos, o no. Pero podéis tener la seguridad y la garantía de que jamás olvidaré ni lo vivido, ni a vosotros.
Os lo decía en el anterior post. Os quedará el recuerdo, las horas, los días, los encuentros… Os quedará, vosotros mismos, lo que auténticamente habéis forjado… Y tengo el honor de ser parte de ese recuerdo gracias a vuestra generosidad, gracias a vuestro abrazo.
También os decía que es duro enfrentarse a algo así, a algo que sabéis que tiene fecha de caducidad, pero nos queda el bálsamo del recuerdo para disfrutarlo en compañía, en amistad, y por qué no, en ratos de ensayos de nuevos proyectos.
Un abrazo a todos.