Noches para volver

Con el cartel de localidades agotadas colgado en su taquilla, el Teatro Calderón nos imbuía en una inesperada y profunda reflexión filosófica sobre la vida y la muerte, sobre morir y saber y dejar vivir, todo ello de manera subliminal, tamizado perfecta y delicadamente en una continua dosis de diversión, bien tramada, constante y amena, que sólo se dejó descubrir —eso sí, sin perder un ápice de su gracejo— justo al final, para conmovernos y ponernos en el sitio de los protagonistas, que no era otro que el de cualquier persona llegado el momento de la vida en que ha perdido a su madre.

Y si bien el amor ha sido uno de los temas más recurrentes y cantados en las producciones artísticas a lo largo de los siglos, el amor de madre, con sus mimos, sus excesos y sus aparentes rarezas, también era digno de ser cantado, y así lo retrató Eduardo Rovner.

El mano a mano existencial sobre el que se tejía la trama, a cargo de Carlos Santos y la veterana Beatriz Carvajal, resultó casi personal para el público por el nivel de interpretación derrochado, en el que, la conexión con el público no tenía apenas recorrido. Era cercana, intensa y directa.

Un Carlos Santos, cuya interpretación nos hizo recordar que, a pesar del cine y la televisión, es precisamente en las tablas de un teatro donde hay que ver y conocer a los artistas.
Al igual que ocurriera con Beatriz Carvajal, quien demostró que, en la interpretación, la veteranía es garantía de excelencia segura, haciendo de todo el teatro el salón de su casa.

Un trabajo escénico arduo y de una gran concentración que tenía como sujeción la armonía interpretativa con Berta Hernández, Daniel Ortiz y Pedro Segura, insuflando a la trama en cada momento la dosis justa de argumentación para mantener la carcajada constante en el público, ayudando así a no dejar entrever de más el trasfondo existencial de la trama sobre la vida y la muerte.

Una escenografía bien ambiciosa y actual que en ciertos momentos recurría a proyecciones en una medida justa, con un trabajo de iluminación exquisito y tan sensible que se fundían perfectamente con el trabajo actoral.

Los efectos sonoros, igualmente, de diez, justos y medidos, sin acercarse en ningún momento al abuso para dejar todo el peso donde debe estar, en los actores.

Y el público respondió.

Un Calderón hasta el gallinero, que se deshizo en pie en aplausos saliendo con ganas de más.

No sólo disfrutaron de Volvió una noche, sino que fue, una noche para volver. Para volver a encontrarse con el buen teatro.

Y si alguien se quedó con ganas de repetir, Volvió una noche estará en Granada en el Isabel La Católica la próxima semana.

Algo está cambiando en Motril. Antes venían obras que habían pasado por Granada.

Ahora van a Granada obras que han pasado por Motril.

Un Tenorio de ayer y hoy

Lo de anoche fue mágico.

Un viaje en el tiempo, a bocajarro, agazapados detrás de un vigilante de seguridad en su ronda nocturna por aquel Teatro Calderón en ruinas, que muchos pudimos ver en su día, para permanecer allí anclados, en una época pasada, de clásicos empolvados, de tradiciones condenadas, de tenorios de espadas, de noches de difuntos de respeto temeroso, y el titileo de las luces de mariposas en aceite en la memoria de nuestras casas.

Todo sutilmente mezclado con la frescura del presente, con un gracejo sin desenfreno capaz de revivir lo que para la muchedumbre de hoy puede parecer anquilosado, pero por derecho, eterno…

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La forma en que Borja Rodríguez quiso acariciarlo y mostrarlo, fresco y actual, a la vez que solemne y sin sospechas para Zorrilla, casi ciento setenta y cinco años después, resultó tan natural como admirable.

Un engranaje que hizo funcionar a la perfección la nave del tiempo en la que ayer disfrutamos de esta peculiar travesía.

Un ejercicio responsable de cómo mantener los clásicos vivos y modernos sin perder un ápice de su esencia.

La composición perfecta, elegante y natural.

Una parte técnica que supo en todo momento caminar a la par de la sutileza de la versión durante los noventa minutos de duración, a pesar de los diferentes ambientes que en cualquier momento podrían haber dado pie a la saturación de estridencias o innecesarios vaivenes de iluminación.

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El sonido, solo testigo de paso, para brotar en medio de la trama con la bellísima canción que la protagonista de la noche, Doña Inés – María Cobos (tanto monta, monta tanto) supo susurrarles a las musas de Francisco Muros, haciéndole fruncir el ceño a Euterpe, testigo de excepción en el patio de butacas.

La interpretación, curtida en complicidad, dedicación e ilusión, dio como resultado la inmediata conexión entre el público y el autor a través de la versión y de los siglos.

Y la respuesta del público acorde con la noche mágica que se vivió. Un público ávido de clásicos -Motril siempre ha sido plaza para ello- que supo reconocer a una de las suyas sobre las tablas del Calderón.

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Una María Cobos agradecida en su mirada, en el momento en el que Doña Inés la dejó ante los suyos, teatro en pie, orgullosos, felices y agradecidos también.

Ojalá hubiera sido viernes y hubiera habido un pase matinal para jóvenes de institutos. Seguro que esa frescura habría hecho removerse a alguna de las consciencias adormecidas por el horror del reguetón.

Caminante por la orilla

«Como si un espectro me hubiese acariciado,

pensé no estar solo aquí, andando junto a la orilla.

Pero aquel que pensé estaba a mi vera en mi paseo por la orilla, aquel

que amé y me acariciaba,

había desaparecido por completo: lo supe al inclinarme y mirar a la

incierta luz;

y se me aparecieron quienes me resultan odiosos y de mí se ríen».

Walt Whitman

Triunfó el amor

Rememorado hasta la saciedad, el constante y trágico desenlace del amor de esta pareja (Romeo y Julieta) se vio truncado en esta ocasión.

La tragedia fracasó —a pesar de la esperada y consumada muerte de sus protagonistas— y el amor triunfó sobre todas las cosas.

El amor al arte; el amor al teatro; el amor a la música; el amor a la danza; el amor a las personas… Entre las buenas personas… El amor a la amistad.

Adelanto ya que me resulta totalmente imposible reflejar en un solo post todo lo acontecido, vivido y sentido, y por ello, serán varios los que publique y en los que iré recogiendo diversos aspectos de todo ello, del musical «Romeo y Julieta».

Y es que, creedme, que es para todo eso, y más.

El éxito fue rotundo.

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Lleno absoluto y una impresionante puesta en escena. Algo que la gran mayoría de los espectadores no se esperaba. Pero no es en la grandeza del espectáculo ni en las cuestiones técnicas, interpretativas u organizativas en lo que quiero reparar en este primer post, sino en la grandeza humana del conjunto que lo dio todo sobre las tablas.

Todo el elenco, sumergido en sus respectivos papeles, ignoró lo que verdaderamente se conjuró; la exaltación del amor entre todos ellos y lo que han conseguido forjar durante estos más de dos años y medio de trabajo y entrega.

El éxito de la obra lo pudimos contemplar al final, cuando el telón se dejó caer de forma implacable por última vez cada uno de los dos días, y ese amor cobro fuerza y personalidad en forma de abrazos, de sollozos y lágrimas. La dulce recompensa a un trabajo bien hecho. El triunfo de llegar a la meta en una carrera de fondo que no ha estado exenta de baches, y todo hay que decirlo, algunas zancadillas.

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Estoy a punto de cumplir cuarenta y un años y por las distintas situaciones y proyectos en los que he estado vinculado a los largo de mi vida, muchísimos de ellos culturales, y otros de otra índole, pero también expuestos al bombardeo de muchos y efusivos sentimientos y emociones, jamás he vivido algo tan emocionante, tan intenso, tan vivo y tan bello… Y todo gracias a la generosidad de todas y cada una de las personas que han conformado «Romeo y Julieta».

Cada uno a su manera ha realizado un derroche de humanidad, de compañerismo, de amistad, de amor en definitiva, que me cuesta imaginar algo con lo que pueda compararse mínimamente.

Como he dicho, esto es solo una breve reflexión generalizada para destapar la válvula de la olla a presión en la que se ha convertido mi corazón por culpa de todos ellos.

Una vez destapada esa válvula, poco a poco irán saliendo nombres, situaciones y momentos vividos, porque todos, absolutamente todos, son para mí dignos de mención. Y aunque no lo crean, uno es bastante observador y he sabido ubicarme en cada momento para apreciar todo lo que han dado, que no ha sido otra cosa que lo mejor de sí mismos.

Pero lo que sí voy a hacer es resumir todo lo vivido en una sola palabra: GRACIAS.

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Gracias por todo lo que nos habéis dado, por todo lo que habéis conformado, por cómo me acogisteis, por cómo os habéis dejado asesorar y llevar, por confiar en mí y en mi experiencia, por dejarme acercarme a vosotros, por compartir tantas cosas conmigo, por abrirme vuestro corazón y por supuesto, por entrar en el mío.

Vendrán más, o no. Vendrán otros momentos, o no. Pero podéis tener la seguridad y la garantía de que jamás olvidaré ni lo vivido, ni a vosotros.

Os lo decía en el anterior post. Os quedará el recuerdo, las horas, los días, los encuentros… Os quedará, vosotros mismos, lo que auténticamente habéis forjado… Y tengo el honor de ser parte de ese recuerdo gracias a vuestra generosidad, gracias a vuestro abrazo.

También os decía que es duro enfrentarse a algo así, a algo que sabéis que tiene fecha de caducidad, pero nos queda el bálsamo del recuerdo para disfrutarlo en compañía, en amistad, y por qué no, en ratos de ensayos de nuevos proyectos.

Un abrazo a todos.

 

 

 

Romeo y Julieta made in Motril

Admiración.

Esa es la palabra con la que definiría lo que últimamente estoy viviendo.

Desde hace más de dos años, un numeroso grupo de chiquillos vienen construyendo sin saberlo, algo tremendamente maravilloso y que, por mucho que ellos mismo lo valoren, no sabrán el auténtico valor de lo que están haciendo hasta dentro de unos años.

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Casi todos desconocidos, pero con el nexo común de la música, el teatro o la danza, confluyeron en un buque de ilusión ante el reclamo de todo un clásico como Shakespeare, y durante más de dos años han constituido un grupo con un corazón que no conoce pecho capaz de abrigarlo. Un corazón que rompería todos los esquemas conocidos por la naturaleza…

Se han conocido, han crecido, han aprendido, algunos se han hecho mayores de edad; otros han aprendido a amar, se han enamorado, han reído, han llorado, han sufrido… pero sobre todo, han cantado, han bailado, han vibrado, han vivido…

Sin quererlo, todo esto lo he vivido de reojo, de soslayo, y sin saberlo ellos, los he ido conociendo en la distancia, y me he ido acercando poco a poco a algunos. Con unos pocos hasta he cantado.

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Ahora, de repente, me encuentro entre ellos para ayudarles a que su barco de ilusiones, su barco de música y de sueños zarpe, y puedan disfrutar de su breve travesía para llegar al puerto de la memoria.

No sé si son conscientes, pero después de más de dos años se enfrentan a la responsabilidad de ejecutar su trabajo, un resultado efímero que tendrá igualmente una recompensa efímera; los aplausos del momento, las lágrimas que corran dulcemente, y la ensordecedora ovación que reconozca la belleza de lo conseguido, del esfuerzo realizado, del tiempo y la entrega dedicados… pero como digo, eso apenas durará…

Les quedará el recuerdo, las horas, los días, los encuentros… Les quedará, ellos mismos, lo que auténticamente han forjado…

Es duro enfrentarse a algo así, a algo que sabes que tiene fecha de caducidad.

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Pero desde aquí, quiero reflexionar sobre ellos y hacerles ver que la grandeza de todo esto reside precisamente en ellos mismos, en lo que juntos van a conseguir y en lo que juntos han construido durante todo este tiempo.

Hacerles ver que tienen la enorme responsabilidad de hacernos ver que no todo está perdido. Que por efímero que esto resulte, la función debe continuar.

Que al igual que ellos han tenido la oportunidad de encontrarse, de conocerse y enrolarse en ese barco de ilusiones, de esperanza, de música y teatro, otros más jóvenes que ellos pueden hacerlo.

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Su trabajo quedará como mascarón de proa de ese barco para que el mar de las oportunidades se abra ante otros y sea otra Miriam, otra Patri, otro Manu, otro Maxi, otro Álvaro, otra Natalia, otra Andrea, otra Lucrecia…, por nombrar a algunos, quienes mantengan vivo esto…

Deben demostrar que en esta ciudad tan apática para tantas cosas, hay jóvenes con ilusiones, con ganas de hacer cosas por la cultura y por los demás.

Jóvenes que cantan, que bailan, que lloran y ríen, que se emocionan, que se estremecen con un puñado de notas musicales, que se enfadan por una nota mal dada.

La verdad es que les envidio. Ojalá yo hubiera tenido una oportunidad así.

Estoy convencido de que esto tiene que servir para cambiar algo, que ese día tiene que marcar un antes y un después.

Romeo y Julieta deben morir, pero vosotros tenéis la oportunidad de hacerlos eternos para los jóvenes de Motril. Tenéis la enorme responsabilidad de reivindicar con vuestro trabajo esa oportunidad para otros.

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A todos ellos mi admiración por su trabajo y mi gratitud por dejarme un hueco en su barco.

A la Asociación Aguaviva mi enhorabuena por este proyecto y mi gratitud por ofrecer a Motril algo así, tanta ilusión.

El próximo día 24 de marzo, Motril acogerá el estreno del musical «Romeo y Julieta».

No se lo pierdan.

Motril se queda sin cine (Reestreno)

Motril se queda sin cine.

Este es el titular con el que nos sobrecogíamos hace un par de días en la prensa.

Un grave error de tratamiento de la noticia si tenemos en cuenta dónde estamos, porque, que #Motril se quede sin cine –una vez más- no es noticia.

Una noticia, -según la RAE, dato o información nuevos, referidos a un asunto o a una persona- sería que, el cine en Motril celebrase su primer año de funcionamiento.

Una noticia sería por ejemplo: «Motril recupera el coliseo Viñas para la cultura local»; o, «El recinto de La Alcoholera acogerá un gran espacio escénico con un foso al aire libre incluido, para actividades estivales», o «El Festival de Cine Médico celebrará por todo lo alto su 50º aniversario»

Pero para eso, mejor cerrar los ojos y seguir soñando, o añorando tiempos mejores…

No nos engañemos.

La cuestión material del hecho del cierre se tendrá que dilucidar.

Como en todo, habrá dos versiones, pero lejos de quien sea el culpable, si Ayuntamiento o empresario, no cabe duda de que la administración, tiene la herramienta para siempre, poder hacer algo más, un esfuerzo añadido, pero como digo, esto lo veremos con el tiempo.

Veremos si el hecho de la retirada del empresario se suple con la reposición del servicio o similar, y en qué condiciones y cuánto dura.

Pero puestos a buscar responsables, metámonos todos.

Porque estoy plenamente convencido de que muchos de los que alzan la voz ahora quejándose del cierre, en estos meses, no se han acercado a ver ni una sola película.

Estoy seguro de que muchos de los que alzan la voz ahora, han preferido irse a ver alguna película a Granada o a otro lugar, teniendo este aquí al lado, a un precio muy asequible y con la posibilidad de estar en su casa enseguida, sin la necesidad de coger el coche para el regreso, con la pereza que eso da.

Yo he podido disfrutarlo, no todo lo que hubiera querido, pero sí he visto 5 ó 6 películas en estos meses, y cuando he salido de ver la película, he disfrutado de un paseo por la playa en alguna ocasión, o he podido tomarme una cervecica en alguna taberna de la zona… Salvo con Un monstruo viene a verme, la verdad sea dicha…

Decía en un post anterior que, en esta tierra donde casi cualquier cosa que se siembre agarra, lo nuestro no cuaja… o mejor dicho, no lo dejamos cuajar… Y el cine no iba a ser menos, porque experiencias, haberlas, las hay.

«Motril vuelve a contar con un cine» 06/12/2007

«Motril Cinema ofrecerá las mejores películas de estreno en el CDT» 06/07/2016

Por eso, teniendo en cuenta esa apatía propia del terreno, hay que tener en cuenta el esfuerzo y el riesgo del empresario, quien, siendo también de aquí, ha hecho una apuesta arriesgada y en un gesto de valentía y de responsabilidad social -que también-, se ha sumergido en un proyecto harto difícil.

La cuestión debe estar, según mi percepción, en que las condiciones de concesión del recinto, no deben ceñirse a los estrictamente material y económico, y que debería contemplar también el entorno social que he descrito, que hace que la batalla emprendida por el empresario sea –permitidme el símil- de película, y elaborar un pliego de condiciones acorde a las circunstancias, y que contemple una revisión, que ojalá se tuviera que realizar al alza por el éxito y el arraigo obtenido.

De esta forma conjugaríamos una vertiente económica y empresarial con la social, como digo, ofreciendo así a la ciudad un servicio de ocio, del que tanto está Motril necesitado y nunca llega.

Un oferta al turista. Una opción a los jóvenes. Un hábito al cinéfilo. Un pilar a la cultura de la ciudad.

No se puede pretender ofrecer unas condiciones digamos, generalizadas, porque, por un lado, pueden ser inviables para quien de forma correcta ha venido realizando el servicio, y por otro, aunque puedan resultar viables para alguna empresa más potente, si se llega al caso, cuando esa empresa potente se establezca y descubra la realidad social que tenemos y en la que tanto cuesta que cosas como el cine consigan arraigo, recoja sus cosas y salga corriendo.

De la misma forma que tampoco se puede pretender que un edifico como es el caso que nos ocupa, se quede meramente como sala de cine. Debe albergar otro tipo de eventos y/o espectáculos para lo que fue concebido.

La cuestión es buscar el equilibrio.

En definitiva, si en estos meses ha funcionado, ¿tan difícil era mantenerlo?

Esperemos que la prensa nos aclare mientras seguimos viendo esta película…

 

La plaza de España

Muchas ciudades de España tienen en su arquitectura urbanística una plaza Mayor que es centro neurálgico de la misma, y en muchas ocasiones, de la vida y del ir y venir de sus habitantes y visitantes.

fotos-para-elejir-047-copia#Motril no es menos. Tiene su plaza de España, pero con la particularidad, o más que particularidad, el inconveniente, de que por la tarde, cuando no existe el trasiego de usuarios que la administración municipal propicia por estar allí enclavado el Ayuntamiento –como en muchas de las del resto de España- queda desierta y se reviste de un aspecto fantasmagórico.

descarga-1Si imaginamos por un momento nuestra plaza de España, en cuanto a los edificios destacados que la rodean; Iglesia Mayor Parroquial de la Encarnación, Ayuntamiento y Teatro Calderón de la Barca, el resto de construcciones son totalmente armoniosas dentro de la estética que podemos contemplar. Es decir, no hay ningún edificio que estéticamente rompa la línea, digamos, clásica, que allí podemos contemplar (gracias a Dios) y que suponga un parche, como puede pasar en la plaza de la Libertad con el edificio que antiguamente albergara las oficinas de Hacienda y que popularmente es conocido como «El Kremlin».

La única pega que a mi juicio tiene la plaza de España para ser un lugar de dispersión y distracción del mismo modo que otras plazas de la misma índole como por ejemplo, la plaza Mayor de Salamanca, (salvando las diferencias), es la umbría que propician los árboles que se alinean en el lado oeste de la misma justo frente al Ayuntamiento.

salamanca-plaza-mayorEsos ocho o diez árboles que ahí existen, deberían ser retirados y no sustituidos por otros, sino dejar esa franja de la plaza diáfana.

Los árboles, para empezar, hacen que cada dos por tres, el pavimento esté destrozado porque las raíces levantan los adoquines para abrirse paso, lo que a su vez conlleva continuos tropiezos de los viandantes, y recordemos que justo ahí, se encuentra también un Centro de Día para personas mayores, lo que le convierte en una trampa mortal.

Por otro lado, los árboles rompen la estética urbana de la que hablaba más arriba, impidiendo ver la armonía del conjunto urbanístico que animaba a imaginar y comparar con otras plazas de España.

Otro de los inconvenientes, el más desagradable, es que el tipo de especie de árbol, tampoco es el más idóneo para la zona, dado que en primavera tras florecer, empieza a dejar caer en el suelo unas bolillas que al pisar revientan y sueltan un líquido viscoso que, en principio resulta peligroso porque puede hacer resbalar a los viandantes, incluidos, cómo no, a los mayores del Centro de Día, y después, cuando se seca ese líquido viscoso, deja una cataplasma de un aspecto repulsivo pegada al pavimento.

Pero ahí no queda la cosa.

motril_ayto_y_plaza_grandeOtro inconveniente es la umbría que propician, lo que contribuye enormemente al aspecto fantasmagórico que presenta la plaza por las tardes. Porque los árboles vienen a conformar una especia te túnel o barrera que sirve de refugio para personas con actitudes poco decorosas o incívicas, por llamarlo de alguna manera, lo que hace que, mucha gente, por no decir toda, rehúsen a pasar por esa zona.

Dicho todo esto, ¿no creéis que son suficientes motivos para quitar esos árboles de ahí y recuperar un espacio que puede darle un gran esplendor a nuestra plaza más céntrica?

¿No sería darle vida?

Habrá quien se oponga, claro está, porque pueda pensar que arrancar esos árboles sea una barbaridad, pero ¿no es más barbaridad perder todo lo que estamos perdiendo y que he relatado?

Siempre se puede establecer una cuota de reforestación en otro lugar por la pérdida de los árboles a eliminar.

Esto, que dista muchísimo de parecer una idea descabellada, sino todo lo contrario, sencillo y práctico, tiene además la ventaja de que supondría algo que el Ayuntamiento puede realizar con medios propios, lo que viene a significar que conlleva un coste mínimo, siendo fácilmente realizable.

La cuestión es, ¿habría voluntad y valentía para ello, o se doblegaría a las presiones de quienes antepondrían los árboles al bienestar de los ciudadanos y la belleza de la zona para que esa nueva estética nos haga ganar en visitantes?

Ojalá esta reflexión se haga realidad…

 

Motril y sus ¿festividades?

El tiempo sobre la decisión de dar el paso para abrir este espacio, la preparación del mismo, el diseño, la realización de las fotos de mi amiga Pau Salinas (a quien le estoy enormemente agradecido) y la puesta en marcha, han hecho que este blog viera la luz precisamente un día después de la celebración en #Motril del Día de los Terremotos.

Y precisamente, de eso quiero hablaros.

En el primer post ya adelantaba que, #demotrileñasmaneras es, para bien y para mal, nuestra forma de enfrentarnos, de posicionarnos y actuar ante y sobre lo nuestro.

La celebración del Voto de la Ciudad del 13 de enero, comúnmente conocido como el Día de los Terremotos, que desde 1804 venimos celebrando los motrileños, es un ejemplo de esa idiosincrasia que nos identifica y hace que aflore el poco apego por lo nuestro. Sin duda, una de las tradiciones con las raíces más profundas de nuestra historia local y que en las últimas décadas hemos ido dejando que pierda arraigo y esplendor.

terremotossDejamos perder el día como festivo ante la presión de algunos comerciantes con el pretexto de que el hecho de que ese día fuera festivo y coincidiera con las rebajas de enero, provocaba un éxodo a la capital de clientes potenciales que, al parecer, llegaban a Granada con las faltriqueras llenas de dinero y se lo dejaran allí todo. Como si a lo largo del resto del año no fuera la gente a comprar a otros sitios.

Después llegó un Centro Comercial en Vélez Málaga y se agravó la cosa… En fin… Este es otro tema para reflexionar aparte.

Perdimos el 13 de enero y en su lugar llegó la festividad de San Juan. Un día festivo para oficializar una macro fiesta en la playa. Pero con todo el respeto a los que viven esa fiesta, si de tradiciones hablamos, las hogueras de San Juan que yo recuerdo no eran las de ahora.

El caso es que de la noche a la mañana nos encontramos con una tradición postiza.

Perdimos un día precioso, con rigor histórico, solemnidad, de tradición heredada que enseñaba de padres a hijos el respeto por uno mismo, por los suyos y nuestra historia, para cambiarlo por una simple fiesta.

Estarán conmigo en que, como pueblo, como colectividad, salimos perdiendo.

Años después se instituyó el Día de la Ciudad de Motril, coincidiendo con el día 3 de junio, día en el que tuvo lugar la concesión por parte de Felipe IV del título de Ciudad a la, hasta entonces, Villa de Motril.

Motril entrega las medallas y reconocimientos de la ciudad. Foto: Javier Martín

Hasta aquí bien. Magnífico. Algo nuevo, pero revestido de sentido. ¿Tradición nueva? Por qué no. Las tradiciones, por muy longevas que sean, todas tuvieron un inicio.

Pero desde mi punto de vista, a este día le faltó una apuesta seria del todo, que podría consistir en que, ya que estaba perdida la festividad del 13 de enero y trasladada al sin sentido del Día de San Juan, haber hecho de ese Día de la Ciudad ese día festivo. El día grande de Motril a todas luces.

Como aquí se da mucho eso de que, lo que hace un partido político, si llega otro, lo cambia, funcione o no funcione lo que sea, y listo, tristemente perdimos el Día de la Ciudad.

Lejos de terminar de completarlo como Día de la Ciudad en todo su esplendor y teniendo la oportunidad de mejorarlo haciéndolo festivo, todo lo contrario, se perdió. No sabemos por qué.

Esta pérdida se intentó justificar con un intento de potenciar el día 13 de enero, revistiéndolo de algo más de oficialidad que el mero acto religioso, como es la Solemne Función que cierra el quinario y la procesión, y se realizó un acto en la Plaza de Armas de la Iglesia Mayor de la Encarnación que consistió en una ofrenda de una corona de laurel en memoria de todas las víctimas de Motril a lo largo de su historia, la cual se depositó a los pies de la Torre de la Vela.

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Aquel acto, en el que estuve presente, me pareció sencillo, bonito, emotivo, poético… Acordarnos de los nuestros, de nuestros antepasados a lo largo de los siglos y ensalzar y poner en valor la historia, nuestra historia…

Hubo poca gente al margen de las autoridades invitadas, -tampoco se le dio una correcta difusión- pero en definitiva, era un comienzo, y lo valoré de forma positiva. Era cuestión de empezar, y sobre todo, seguir, mantenerlo…

Pues bien. Antes de ayer, salvo error, no me consta que hubiera tal acto. El furor que otrora llevó a idear ese acto tan bello para mí, quedó – como suelen decir los arrieros de por aquí- en un arranque de burro viejo.

En contraprestación tuvimos la inoportuna coincidencia de la inauguración de una exposición en la Casa de la Condesa de Torre-Isabel con una puesta en escena con una música altísima en mitad de la plaza que hizo que no se respetara en su conjunto la ceremonia del Voto de la Ciudad.

La cuestión es  que en esta tierra donde casi cualquier cosa que se siembre agarra, lo nuestro no cuaja… o mejor dicho, no lo dejamos cuajar…

¿Alguien se imagina a Granada tonteando con cambiar el «Día de la Toma»? ¿Salobreña con la Romería de Ntra. Sra. del Rosario? ¿Almonte con el Rocío? ¿Pamplona con los San Fermines? ¿Valencia y las fallas? ¿Barcelona y San Jordi?

Perdimos la Semana Verde, los Festivales de España, la Semana de Cine Médico, dejamos morir el Coliseo Viñas… Perdimos hasta nuestra esencia durante siglos, como es la caña de azúcar… ¿Qué será lo próximo?

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Ahora viene la pregunta…

¿Podemos aspirar a un proyecto serio de ciudad de cara al futuro cuando no se tiene claro ni siquiera nuestra historia, nuestra idiosincrasia?

¿Hasta cuándo aniquilar, modificar, tergiversar o inventar sobre lo nuestro, nuestra propia identidad como pueblo?

Creo que poco podemos construir cuando constantemente se están removiendo los cimientos.

¿Tan difícil es mirar al futuro sin pisotear el pasado?

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